El letrero en la avenida Santuario tiene aires de new age y un personaje ichma. En las faldas del cerro El Chivo, la pirámide trunca todavía luce parte de su esplendor. Pertenece al sector B de la zona arqueológica Mangomarca, en San Juan de Lurigancho.

El arqueólogo David Reyes, del instituto cultural Ruricancho, hace el resumen: “Según los estudios, la base de esta pirámide fue construida por la cultura Lima (200-700 d. C.). Tuvo su apogeo en la cultura Ichma (1000 y 1400 d. C.) Según la hipótesis de Julio Abanto, en la época inca, el sitio es abandonado, pues no hay aquí evidencia inca. Más bien, los que vivían aquí se trasladan a Canto Chico y El Sauce, que son asentamientos incas”. No hay aún una respuesta final de por qué perdió la importancia el sitio arqueológico de Mangomarca.

Estudios

En la década de 1930, aquí investigó y excavó Julio C. Tello. El padre de la arqueología peruana clasificó los sectores de la huaca Mangomarca; encontró fardos funerarios y cerámica. Las más recientes investigaciones estuvieron a cargo de Julio Abanto, un arqueólogo vecino del distrito.

Se piensa que esta huaca fue un espacio administrativo donde vivía la élite local y contaba con almacenes. Desde la cima de la pirámide, el curaca dirigía ritos ceremoniales.

Gestionando los permisos respectivos al Ministerio de Cultura, hoy se realizan aquí rituales o ceremonias. El objetivo del instituto Ruricancho ha sido laborar con la comunidad y hacer trabajos participativos en los sitios arqueológicos de todo el distrito de San Juan de Lurigancho. Gracias a esta puesta en valor del sitio, en el 2018 se logró el Fondo de la Embajada de los Estados Unidos, que permitió limpiar el lugar y hacer excavaciones en un par de sectores. David Reyes participó de esos trabajos en que se descubrieron fragmentos de cerámica e instrumentos más contemporáneos, relacionados con la brujería.

La Municipalidad de San Juan de Lurigancho se comprometió a dar un millón de soles para construir un centro de interpretación y poner en valor el sitio. Pero no cumplió la promesa.

El guía turístico Luis Gutiérrez, también integrante de Ruricancho, cuenta que durante la pandemia se pudieron hacer dos visitas guiadas con una cincuentena de ciclistas de todo Lima (sus vehículos no invadieron el lugar).

Para Gutiérrez, el éxito de las visitas guiadas en sitios arqueológicos se dan cuando coordinan con otras organizaciones.

Sarita Cristóbal es profesora de inglés y lengua de la institución educativa 122 Andrés Avelino Cáceres y vecina de la urbanización. Es también presidenta del Comité de Defensa del Patrimonio Cultural y Natural de Mangomarca (Codepacma), una organización creada en el 2007, en una reunión promovida por el instituto Ruricancho para crear un frente de defensa que proteja los dos patrimonios mangomarquinos: la huaca y la loma.

Atractivo turístico

El sueño de Sarita es que el centro arqueológico se convierta en un atractivo turístico. Para ello, el reto es cambiar la mentalidad de los vecinos. “El 60% de la población de Mangomarca en la actualidad son inquilinos. Los propietarios aman la comunidad, pero muchos ya son adultos mayores. Y de las cinco juntas directivas, solo una se interesa. Los demás piensan que uno lucra con el tema. No valoran estos espacios”, lamenta.

Los alumnos y profesores de las instituciones educativas han participado junto a los vecinos en la limpieza de la huaca (que se hacían dos o tres al año). Pero cada vez se hace más difícil convencer a los padres de familia. Por suerte, desde el 2018 la zona B, la parte medular de la huaca, tiene seguridad particular, que impide que no vuelvan los fumones, se ensucie ni se invada el espacio.

“La escuela debe salir afuera. Conocer las lomas de Mangomarca es útil para el curso de Ciencia, Tecnología y Ambiente, conocer las huacas es Sociales. Los temas cultural y ambiental son transversales a todos los cursos”, explica la profesora, quien ha desarrollado 14 ediciones del Festival de la Huaca, una actividad gratuita que el año pasado recibió a 300 turistas.

Pero hay esperanza. Génesis Rodríguez tiene 13 años y es alumna de la institución educativa 122. Ya ha sido capacitada y conoce experiencias como la de lomas El Mirador, y sabe lo que se consigue al poner en valor un espacio, contribuyendo a la identidad de los pobladores.

“Muchas veces las personas están reacias a trabajar el tema patrimonial porque no comprenden su importancia”, explica el antropólogo Wilmer Mejía, también integrante del colectivo Ruricancho.

En contraparte, hay vecinos y asociaciones que sacan adelante proyectos culturales. Además de Codepacma, en Campoy está el Instituto de Cultura, Historia y Medio Ambiente (Ichma), que dirige el profesor Arturo Vásquez, ha puesto en valor con sus alumnos del colegio Daniel Alcides Carrión la huaca Fortaleza (realizan una versión local del Inti Raymi y desarrollan proyectos arqueológicos y de recuperación de la zona); en lomas El Mirador, trabaja Jorman Cabello; en Mariscal Cáceres, los muralistas Joel y Noel Mamani, entre otros.

Información útil

Mejía manifiesta que el patrimonio no solo debe ser entendido como monumentos, sino también asociarse a la calidad de vida de los vecinos. “Los sitios arqueológicos nos pueden dar información sobre cómo vivían y se organizaban nuestros ancestros andinos. Y esa información nos puede servir para vivir mejor. Por ejemplo, conocían qué quebradas se activaban en el Fenómeno de El Niño y ahí se debe prohibir las construcciones, usando ese conocimiento milenario”.

Para el arqueólogo Julio Abanto, Premio Nacional de Cultura 2022 y fundador del instituto cultural Ruricancho, es indispensable que los gobiernos municipales procuren tener un inventario saneado de sus bienes culturales.

Museo necesario

Por ejemplo, en San Juan de Lurigancho se decía hace 20 años que tenía seis sitios arqueológicos. Sin embargo, el trabajo de Ruricancho, de algunas asociaciones y de la municipalidad ha posibilitado recalcular en 30 sitios. Por ello, también hay la necesidad de tener un museo de sitio para mostrar este patrimonio.

Si bien el proceso de registro e inscripción de estos espacios es complejo, ya se inscribió a la Reserva Arqueológica de Canto Grande (donde se han descubierto más de un centenar de evidencias, entre petroglifos, geoglifos y santuarios), lo cual permitirá incluir dinámicas como el turismo, talleres y otros.

De aniversario

Ruricancho cumplirá 25 años. Tienen entre sus proyectos la publicación de un segundo li-bro y un plan estratégico con miras al 2030.

En un colegio de Jicamarca dictarán un taller todo el año con alumnos de un colegio. Es un logro del trabajo de sensibilización y revalorización que ya se da en algunas zonas del distrito, gracias a espacios donde se discute y aprende del pasado y se articula con la historia presente de los vecinos. Otro reto que se busca desde hace dos gestiones municipales, es sacar adelante la ordenanza de cultura viva comunitaria.

Abanto lamenta el abandono en que tuvo la gestión anterior de la comuna al patrimonio. Inclusive se construyó un “palacio de la Juventud”, que oculta el tramo del único camino inca que se tiene en el distrito. El cuidado de estos espacios también debe enfrentar el crecimiento desmedido que ha afectado a los sitios arqueológico ubicados en los cerros.

“El Ministerio de Cultura ha desarrollado acciones como delimitar las lomas de Mangomarca, el cerco perimétrico en la huaca El Sauce o disponer autorizaciones para intervenciones de emergencia que hemos hecho, como la tumba inca que recuperamos el año pasado en El Sauce (en una vivienda se hallaron tres contextos funerarios del período inca). Pero falta un museo para todo este material, subraya. Si se ha impedido el maltrato del patrimonio del distrito, es gracias a la comunidad organizada que defiende su herencia”, finaliza.

25 años de labor cumplirá en abril el instituto cultural Ruricancho.

Más en Andina:

(FIN) DOP

Publicado: 24/1/2024




Fuente Andina Noticias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *